Aracnofilia
Creas tempestades cuando cruzas el océano montada en tu escoba, cuando miras los alcatraces con tus ojos de escorpión y se desmayan con el olor a ajo que desprenden tus manos de largas uñas decoradas con arabescos y grecas recargadas de artesonados que al girar cada una en sentido inverso, retorciéndolas, atrapas una estrella que explota entre tus manos. - Mi bruja hechicera, reina de los cielos, te invoco desde este humilde y lúgubre caserío, desde este altar de los sacrificios, toma mi fuerza, mi juventud, mi sangre roja de plebeyo.
Unas gotas rojas salpicaban el cáliz de latón que reposa sobre la austera mesa. Un tosco cuchillo de filo oxidado había cercenado las venas que dibujaban la muñeca izquierda de aquellas fuertes manos y gota a gota, caían salpicando el fondo del cáliz.
-Te ofrezco la sangre impura de este indigno vasallo. Te ofrezco acatamiento a lo largo de los siglos venideros. Mi razón es mi debilidad y la pongo a tu servicio.
La tela de araña se teje y desteje, se anuda, se enreda, se lía, se pega, se liga, se rodea en largos hilos infinitos de microscópico grosor sobre la temblorosa víctima que le aúlla a la luna en la noche de vampiros sedientos de sangre y de amor. Noche de luna.
-Mi alma, hechicera, la vendo, la vendo a cambio de un instante con bien sabéis con quien. Con aquella que guardas en secreto en lo alto de las nubes, con hermosura hecha mujer, con aquella a la que cantan los trovadores, aquella que viste la noche con sus cabellos, mi alma, bruja de los cielos, mi alma que apenas vale nada, por un instante con ella.
Una araña sedienta probó el bebedizo de una gota de sangre que se derramó sobre la agrietada madera de la mesa de pino, al caer salpicada del cáliz, y sus patas hicieron tambores enviando el mensaje del tan tan a través del aire de la noche, que se llenó de un ejército de octópodos que trepaban por las patas de una mesa cuarteada, pero firme, un ejército de arácnidos, que sedientos de alimento, invadían el espacio de una ofrenda a una bruja hechicera.
-Te invoco, con mi sangre derramada en este cáliz, acude a mí. Bebe de mí. Muéstrate. Mi sangre por vos, mi alma por ella, por un instante, por ver sus ojos. Mi bruja hechicera, te invoco.
Un ejército de arácnidoss están tejiendo una red invisible de seda sobre un cáliz de latón, sobre el que van construyendo peldaños de andamios a los que trepan en busca del tesoro que guarda en su vientre aquel receptáculo de metal, y cual escaladores de montañas de hielo, tras tejer y escalar, el general del ejército se asoma al brocal. Desde allá arriba se distingue un mar rojo y profundo, peligroso pero sensual, y un hilo invisible se va desenrollando desde el borde del acantilado y un arácnido se desliza despacio, se descuelga haciendo puenting, sobre un cáliz de sangre.
Relámpagos de luz ciegan el momento, truenos de voces acallan al propio silencio, en nubes de lino algodonoso viaja una bruja hechicera camino de un destino invocado desde un altar de sacrificio. Un ofidio que ofrece una manzana envenenada se agazapa tras la traición del engaño vestido con palabras de servidumbre y ofrendas llenas de pecado, a la espera de una víctima que inocente, ignora la infamia que se acurruca sobre palabras vanas. .
-Ojos mortales jamás vieron tanta belleza, mi bruja hechicera. Soñé mil veces y mil veces os invoqué, sabía que mi insistencia obtendría sus frutos un día. Me arrodillo ante vos. Mi cáliz, mi sangre. Tú más gentil servidor os ofrece su sangre en muestra de sumisión y obediencia. Sangre pura. Ofrendada para vos, para vuestra grandeza de estirpe, de señoría y magnanimidad.
Una bruja ataviada con un elegante traje negro tomó el cáliz, tejido con invisibles hilos de araña, entre sus manos, lo alzó hacia el cielo, lo apoyó sobre el centro de sus labios y la sangre fresca de un mortal se derramó sobre su boca y se deslizó por su garganta, mientras un general araña se asía firme con sus patas ancladas sobre una musculosa lengua sonrosada, aguantando una cascada de líquido que le empujaba hacia un vacío negro y profundo.
-Y ahora mi alma, después de mi sangre, os vendo mi alma, mi alma a cambio de la Reina Mab, la Reina de las hadas. Mi bruja hechicera, deseo estar un instante con mi pequeña hada, mirarla estando despierto y no sólo en sueños. Quiero ver su pelo negro, con el que trae la noche, su velo azul con el que cubre a los hombres cuando sufren y les hace soñar, dotando de alegrías sus sueños, mis sueños.
Pero la bruja hechicera no es portadora de almas, sólo de sangre, de sacrificios personales, no de almas, y jamás traicionera, jamás, siempre leal con la amistad, siempre fiel, mostrando orgullosa su fidelidad, rechaza la del alma. Desprecia con un rictus de ironía aquel ofrecimiento y se ríe, se ríe con fuertes carcajadas, embriagada por la sangre, del singular capricho de aquel ser ridículo.
Pero
-Es hora de actuar, arañita, tu veneno es poderoso, te lo ordeno. Lo siento mi bruja hechicera, te ofrecí mi alma y te burlaste de mi, es hora que compruebes el poder de mi sangre, el poder sedante del veneno de una araña. De mi ejército de arácnidos.
En un carro de una sola perla, tirado por insectos con alas de pedrería, la Reina Mab acude a una llamada, a un grito desesperado de una bruja hechicera cautiva que sufre en el silencio del engaño la picadura de una araña que la tiene paralizada junto a un altar de sacrificios.
Una batalla, una guerra se entabla entre dos bandos, uno de insectos, el otro de arácnidos, pero los insectos alados de alas de pedrería de la Reina de las hadas son impotentes para romper el cerco de la tela de araña que los súbditos del general han tejido a su paso y se debaten indefensos, heridos, rendidos, víctimas de verdugos con el poder absoluto, tiranos banderas que rompen sueños.
-Con la mirada me quieres matar, mi bruja hechicera, pero no miro tus ojos, no me dejo atrapar por la hechicería de esas dos estrellas. Mi bruja hechicera, tan linda, tan joven, tan inexperta, ¿Cómo te dejaste atrapar en mi red?. ¿Cómo creíste mis mentiras? . ¿Por qué te buslaste de mi? ¿Tan poco valor tiene mi alma?.
Miles de gracias te sean dadas por traerme a la Reina de las hadas, a mi querida Reina Mab. Ahora sólo he de esperar el tiempo en que poder acercarme a sus labios, besarlos y apoderarme de todos sus sueños.
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